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22 DE SEPTIEMBRE DE 2026REFLECTION

La primera tapa era la buena

Le pedí cuatro veces que mejorara la tapa de una lámpara y cada versión salió peor que la anterior. Imprimí las malas. Se rompían las pestañas. Lo que aprendí ese fin de semana no va de lámparas: va de dónde tiene que estar la IA y dónde no.

El 17 de septiembre saqué la tapa de la lámpara del smile y encajaba.

No "encajaba más o menos". Encajaba. El disco LED entraba, la bayoneta giraba, la pieza se quedaba donde tenía que quedarse. Era la primera versión, hecha en una tarde.

Y entonces hice lo que hace todo el mundo: pedí que la mejorara.

La Revisión 02 llegó esa misma noche. La 03 dos días después. La 04 el sábado de madrugada. Cada una más sofisticada que la anterior, cada una con una idea nueva y razonable. Pestañas más finas, un retén mejor pensado, un sistema más elegante.

Las imprimí. Las pestañas se rompían con mirarlas. La pieza ya no entraba bien.

Y cuando llevé el mismo trabajo a la lámpara del cartón de leche, el resultado fue algo rematadamente básico y equivocado. Cuatro pasos hacia adelante para terminar detrás del punto de partida.

Lo que de verdad me molestó

No fue que saliera mal. Fue que ya lo teníamos resuelto.

Semanas antes habíamos hecho las macetas. Y en las macetas la mecánica funcionaba perfectamente: el vaso entraba, la bayoneta giraba en los bolsillos del cuerpo, todo medido y probado. Estaba resuelto. Yo di por hecho que una tapa que encaja en una figura sería trivial después de aquello. Pensé que algo había quedado aprendido.

No había quedado nada.

Y esto es lo que tardé en ver: no es que se lo saltara, es que no existía. La bayoneta de las macetas vivía dentro de la carpeta de las macetas. La del smile vivía dentro de la carpeta del smile. No había nada que reutilizar. Había historial, no había herramienta.

Cuando le pides a un modelo que mejore algo, no continúa nada. Interpreta otra vez, desde cero, con lo que tenga delante. Un LLM es un agente probabilístico: cada petición es una interpretación nueva. Pídelo cuatro veces y tendrás cuatro interpretaciones, y no hay ninguna razón de fondo para que la cuarta sea mejor que la primera.

La sofisticación, resulta, es lo que produce una interpretación cuando no tiene nada firme a lo que agarrarse. Si no le das una cota que no se toca, te da un diseño más listo. Y más listo no es más correcto.

Lo que hice el sábado

Creé una carpeta llamada comun.

Dentro va un solo fichero con la bayoneta del kit LED 001 de Bambu Lab: Ø59,5 × 8,3 mm, las cotas reales del disco, medidas una vez. Y al lado, un documento que dice esto:

Una sola Tapa_LED.stl para todos los modelos. No se rediseña por lámpara: el cuerpo se adapta a la tapa, no al revés.

Lo único que tiene que dar cualquier lámpara futura es un hueco libre de Ø66,4 en la base. Nada más. Y tiene gracia cuál acabó siendo el caso más apretado de la serie, el que fija el límite: el cartón de leche. La lámpara que peor salió es la que acabó definiendo el estándar.

A partir de ahí no hay discusión. La tapa no es una propuesta, es un dato. Una vez encontrado el modelo que encaja, solo hay que incrustarlo en todo lo que venga detrás. No es que cada lámpara tenga una solución distinta: es que todas tienen una solución que funciona.

Y aquí está el detalle que me parece el más importante de todo el mes: generar una lámpara nueva ya no gasta un solo token. Ninguna llamada a ningún modelo. Tarda lo que tarde el ordenador y ya está.

Que no se malinterprete: yo no quiero quitar la IA de en medio, ni mucho menos. Quiero que me ayude a hacer proyectos. La IA está en la creación del modelo. El modelo hace lo que está configurado para hacer. Son dos sitios distintos y llevaba un año confundiéndolos.

Si mañana apagan la IA en todo el mundo, yo seguiré haciendo mis lámparas en estilo 8 bits.

Y no lo digo como frase bonita, o no solo. Si hay un apagón así, el mundo cambia a peor y hacer lámparas no va a ser mi primera preocupación, seamos serios. Pero la prueba sirve igual: de mis cuarenta y tantos proyectos, la mayoría no necesitan la IA para ejecutarse. La usé para construirlos. La app de valorar inmuebles funciona sola. La de escuchar mis propios podcasts funciona sola. La lista de la compra la uso cada semana, y seguiría pudiendo hacer la compra en el Mercadona el lunes siguiente al apagón.

Los que se apagan con ella son los que nunca llegaron a ser una herramienta. Los que se quedaron en conversación.

Y entonces, tres días después, sale Jev

Hace tres días TypeSafe AI presentó Jev, y de repente todo el mundo habla de lo mismo que yo tenía encima de la mesa en forma de pestaña rota.

Jev no escribe. No conversa. No te da código. Le haces una pregunta cerrada y te devuelve un tipo: una opción de tu lista, una puntuación en tu rúbrica, o una probabilidad de sí o no. No puede inventarse una opción que tú no hayas puesto. Entrada a 0,042 dólares por millón de tokens y la salida ni la miden, porque no hay prosa que medir. Entre 70 y 500 milisegundos.

Mi primera lectura fue que por fin llegaba un modelo determinista, máquinas hablando como máquinas, sin conjeturas. Y me equivoqué en la palabra. Jev sigue siendo probabilístico: devuelve distribuciones y un valor de confianza, y puede elegir mal.

Lo que hace no es eliminar la probabilidad. Es encerrarla. Su regla de diseño dice que si la decisión final falla pero la respuesta del primitivo era correcta, el fallo es de la política escrita en tu código, no del modelo. Cambias tus umbrales, no tocas el prompt.

O sea: el juicio se queda en el modelo y la decisión se queda en tu código.

Que es letra por letra lo que hace mi carpeta comun. La IA sigue ahí, arriba, ayudándome a averiguar cómo tiene que ser la cosa. Pero la cota Ø59,5 no se vuelve a discutir nunca más.

No me convence que esto sea el futuro porque lo diga una startup con lista de espera. Me convence porque yo llegué al mismo sitio a base de romper pestañas, y no sabía que tenía nombre.

La parte que no me gusta contar

Hace un tiempo presenté Enjambre3D. Antes de publicarlo hice un barrido buscando competidores, alguien que hubiera hecho algo parecido. No encontré nada. Lo presenté en la UOC y lo compartí en un grupo de Telegram de gente interesada en la IA, un grupo donde participo y doy mi opinión, para que me dijeran qué les parecía.

A las pocas semanas aparecieron dos páginas en castellano que eran una copia de mi propuesta. La disposición de las tarjetas de la portada era hasta la misma. Demasiada coincidencia.

Y lo raro es que no me hundió que me copiaran. Me hundió la pregunta que venía detrás: si cualquiera puede hacerse cualquier aplicación en un fin de semana, ¿qué sentido tiene vender software?

Puede que el futuro del software sea que cada uno se haga el suyo a medida. Y si eso pasa, el valor ya no está en el software. Está en lo que ese software a medida te permite escalar.

Ahí es donde se me va la cabeza últimamente. Yo me muevo en el marco del hobby, experimentando con generadores de clickers y de macetas. Pero extrapólalo a una empresa. ¿Merece la pena hoy saber lo que es un array? ¿O merece la pena saber qué hacer con lo que el array te devuelve, y saber contárselo a alguien?

El día que la IA haga nuestro trabajo mejor que nosotros y además nos aconseje mejor qué estrategia seguir, ¿qué nos queda?

Puede que el valor se mude a lo físico: a ensamblar esas piezas impresas, a hacerlas llegar a alguien, a transmitir lo que vale algo fabricado por ti. Aunque llegará el día en que te hagas tu propio robot igual que hoy te haces tu propio software, y volveremos a la misma pregunta. ¿Qué valor tiene hacer algo que puede hacer todo el mundo?

No tengo la respuesta. Sospecho que está en las soft skills y en el conocimiento útil, que es el eufemismo con el que nos estamos consolando todos este año. Y sospecho que no estamos preparados para lo que viene.

De lo que sí estoy seguro es de una cosa, y es ridículamente pequeña al lado de todo esto.

La primera tapa era la buena. Y ahora está guardada en un sitio donde nadie la puede volver a mejorar.